domingo, 3 de mayo de 2015

Scene 20: 15. Manos

Jugueteaba con los dados entre sus dedos firmes. Las dos últimas tiradas habían sido desastrosas, necesitaba un crítico para poder recuperarse de las pifias que llevaba a cuestas. Tenía el carcaj casi vacío, la bolsa se le había perdido en la huida y ni siquiera ese éxito en la tirada de posar, después de atravesarle la cabeza a aquella mole, le había hecho recuperar sus puntos de IC.

Tiró los dados.
Dos unos.
Miró su ficha de jugador.
Estaba en Cruz.
'Bien' susurró mientras volvía a recoger los dados y apuntaba cuidadosamente su jugada.
'Sabes que una biblioteca no es el lugar más adecuado para tus partiditas de rol, ¿verdad?'

Sus ojos verdes e inquisitivos lo miraban con insolencia desde el otro lado de la mesa. Theo golpeó con el dedo sobre el fieltro verde.
'Antes te molestaba el sonido de los dados y ahora, ¿ves? ya tengo un tapete. No sé de qué te quejas.'
'Quizá de que te recorres media ciudad para meterte en mi facultad y jugar a tus jueguitos en la biblioteca mientras estoy estudiando. Todavía no lo entiendo, y eso me enerva'.
Recorrió con los ojos las altísimas estanterías, repletas de volúmenes polvorientos y ajados por el tiempo. Los más nuevos aparecían al alcance de la mano, en los estantes más bajos, brillantes en su piel moderna. El santuario estaba en lo alto, en lo inalcanzable.
Sobre la mesa de Ada, varios de esos pesados y viejos libros inaccesibles estaban abiertos, como las alas de las palomas, entre multitud de folios rebosantes de números y fórmulas escritos con la letra pequeña y enérgica de la mujer.
Sus hombros desnudos desafiaban el frío de la vieja biblioteca. Pero así era ella, desafiante.
Theo sólo se encogió de hombros. Ada resopló y volvió a su tarea, negando enérgicamente con la cabeza. Los dados volvieron a rodar.

De vuelta a casa, él la tomó de la mano al cruzar el paso de cebra. Ella cedió, asaltada por un arrebato de ternura. Cuando tomaron el bus él la acorraló contra una esquina, usando su cuerpo como barrera frente a los extraños que abarrotaban el vehículo.

'No hace falta que...'
'No me importa'
Theo se puso los cascos y no hablaron nada más durante todo el trayecto. Las luces de la ciudad se encendían con pereza, mientras las calles despertaban a la noche. Cuando llegaron a la parada, había empezado a llover.

Siempre arrastraba los pies como un criminal subiendo las escaleras. Se sacudieron la ropa mojada y el calzado en el recibidor, y Ada puso en marcha el hervidor de agua. Sabía que lo encontraría en el suelo del salón, descalzo, rellenando sus fichas de juego para enviarlas por correo enseguida, con sus pies breves y su carne, de blanca inflorescencia, apuñalando la penumbra. Encendió la luz y le acercó una taza humeante.
Mientras se quitaba la camiseta y la tiraba por cualquier lado, maldijo aquella pizarra insolente. Toda la noche trabajando para nada. Theo había gritado desde su dormitorio para que dejase de hacer chirriar el rotulador y se fuese a la cama, pero al final debió dormirse de puro agotamiento. Maldita, maldita pizarra. Se rascó la cabeza con ganas y encaró sus propios galimatías.
'Ponte algo, por los dioses del cielo'
'Cállate. La mente preclara está trabajando'
Borró una integral con el dorso de la mano y añadió unos cuantos símbolos. Las fórmulas amenazaron con derrumbarse, pero apuntaló algunos de los cabos sueltos con furiosas estocadas de su tinta. Todo avanzaba ahora, pero con los engranajes bastante embarrados. Extrajo una pieza mentalmente, atrapándola en un paréntesis, y puso un par de parches en forma de aproximados hasta que todo estuviera preparado para arrancar.
Sonó el timbre.

'¿Quién era?'
'Ah... nadie. Nadie importante'
Ada se acurrucó como un gato contra el hombro de Theo, aún mirando con rencor su pizarra.
'Sólo la vecina de enfrente, que quería devolvernos una pieza de colada que había caído en el patio'
Divertida, comprobó que él enrojecía hasta la raíz del cabello.

'Ah'
'No te preocupes, monín' continuó, pellizcándole el lóbulo de una oreja 'le he agradecido adecuadamente que me devolviera los boxers de mi novio'
Theo se levantó de golpe, haciendo que Ada cayese de costado sobre la alfombra.

'¡Augusta!'
'Tranquilo, niño,' rió Ada 'era un jersey, y no le he dicho que fueras mi novio. Y no me llames Augusta, si no quieres que te llame...'
'Calla, calla' atajó Theo alzando un dedo 'ni lo menciones'.
Mientras recogía las tazas, ya vacías, alcanzó una frazada del sofá y se la arrojó a Ada.

'No queremos que enfermes antes de salvar el mundo. Así que no andes en cueros por la casa'.

Theo se había quedado dormido, doblado como un ratoncito de campo en su madriguera, sobre el pequeño sofá. Ada observó sus manos, encallecidas por el trabajo físico. Por los jardines, los cubos de basura, la piel de los pescados, las malas hierbas de las cunetas. Esas manos habrían sido capaces de la maravilla, pero el mundo las había estropeado hasta endurecerlas. Casi tanto como la cabezota de su portador.
Volvió a mirar la pizarra. Todo se había enrevesado, pero fue capaz de seguir un pequeño filamento lógico hasta cierto punto. Tiró con la punta de los dedos de ese hilo, lo siguió con el rotulador, estirando su brillo entre tanta maraña negra. Probó en los bucles, los nudos, los enredos, se negó a usar el borrador. No era tiempo de recurrir a la espada de Alejandro Magno.

Theo gimió, inquieto en su sueño.
'Duerme, niño' susurró Ada Augusta, cubriendo a su mejor amigo con la frazada. Le apartó el cabello de los ojos 'no te preocupes. No le diré a nadie tu nombre.'

2 comentarios:

Akivasha dijo...

Buenos días!
Creo que nunca había comentado aquí (aunque sí que voy echando un ojo xD) pero quería decir que me ha encantado la historia. Tengo mucha curiosidad por saber qué va a pasar y por qué ha pasado jaja

Un saludo!

Findûriel dijo...

Gracias por tu comentario, amor. Me he dado cuenta de que no tenía tu blog en mi lista, así que te he agregado a la lista de la barra lateral :)