Al principio de vivir con La Grande, Noviembre lloraba mucho.
No
por no estar en el lugar donde nació, donde las paredes la odiaban y el
suelo era su sitio. No por su abuela, ni por las personas que no
paraban de llevarla de mano en mano, mirándola con el ceño fruncido y
haciendo diagnósticos equivocados sobre su forma de ser. No por los
niños raros, de aquellas casas extrañas, donde Noviembre llegaba llevada
como un zarandillo por manos secas y voces aún más secas.
Hubo alguien que la quiso, por un breve instante, por un tiempo demasiado corto. Alguien que la quiso.
Alguien
se atrevió a intentarlo, a pesar de su silencio y su espacio
impenetrable. Alguien que tuvo la paciencia suficiente, y la sinceridad
adecuada, para adaptarse a sus tiempos y buscarle las cosquillas.
Pero
pronto se fue, y no quisieron decirle donde. La trataron... como
siempre la trataban, como una niña pequeña y demasiado tonta como para
entender las cosas. Dijeron que no volvería. Unos decían que se había
ido al cielo, otros, que simplemente había desaparecido. Algunos decían
que lo olvidara. Pero... ¿cómo puede alguien olvidar el calor hallado en
quien tuvo el valor y la inconsciencia suficientes para no abandonarte?
Luego llegó La Grande.
Noviembre
lloró mucho, pero ella nunca preguntó por qué. De un modo extraño,
sabía que Noviembre no respondería. No estaba en su naturaleza responder
a las preguntas. Así que le limpiaba los mocos y le tomaba la mano, y
la llevaba a la cama cuando se quedaba dormida. La bañaba llorando,
llorando le servía la comida, pero La Grande no lloraba ni se
desesperaba.
Sólo aguardaba, con una media sonrisa en el rostro.
Y un día Noviembre dejó de llorar.
Entonces
La Grande le hizo un tazón enorme de infusión de hierbas, le puso unos
calcetines gruesos, suaves y calentitos... y se sentó a esperar.
Leyó
entonces en Noviembre, porque ella se lo permitió, como una hermosa
flor que cede a la escarcha y se abre para recibir el sol. Leyó en ella
el amor y la comprensión, la pérdida y la desesperación, la soledad
reencontrada y el espacio hueco dentro de Noviembre.
Y La Grande le puso un dedo, largo y blanco, en el pecho. Señalando ese espacio.
"No
está hueco, Noviembre. Aquel que te quiso tanto, aquel al que tú
quisiste sin esfuerzo alguno, está ahí. Pero se ha escondido porque le
duele verte llorar"
"Cuando
alguien se va, Noviembre, cuando alguien que nos quiere se va" susurró
La Grande, alcanzándole el tazón y animándola a sorber el líquido,
cálido y sabroso ", no se va del todo. El tiempo que pasó con nosotros y
el amor que nos dio, se instalan en nuestro interior. Hay una parte de
él viviendo en tí, niña, hay un hueco en tu interior que alberga una
parte de su vida... la vida que te dedicó"
Noviembre se miró la panza
y no vio nada, pero creyó las palabras de La Grande porque... alguna
vez, cuando estaba en su duermevela, en silencio y tranquila, lo había
oído corretear por las salas de su alma rota, recomponiendo los pedazos y
acurrucándose en los vanos. Eso la ponía más triste. Noviembre figuró
un puchero y las lágrimas le anegaron los ojos.
"No debes llorar,
Noviembre" susurró La Grande, secándole las lágrimas. "No debes llorar
porque, cada vez que lloras, la parte de él que está en ti, también
llora. Se asusta y se esconde. Tienes que estar tranquila y contenta,
como cuando él estaba contigo... así será cuando podrás verlo y
escucharlo de nuevo, en ese hueco que hay en tu memoria para él.
Escucharlo tal y como era, alegre y cariñoso, loco y especial."
Así
que Noviembre lloró un poco más, pero después ya no. Después se dedicó a
dibujar en un cuaderno, cada vez que se acordaba de él, todos esos
pequeños y breves momentos en que los dos fueron un poco felices y un
poco locos, un poco amigos y un poco hermanos, un poco tranquilos y un
poco excesivos. La Grande escribió en la portada, con letras bonitas,
botones y conchas, el nombre del que la amó a pesar de ser la niña
peculiar que nadie comprendía.
Se llamaba Pipo, y le encantaba ladrar a Noviembre cuando corría descalza por el pasillo.
(Este texto no lo he escrito ahora... pero es que pegaba tan bien...)