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lunes, 21 de mayo de 2012

Otras customizaciones: Gatesy

Artículos anteriores: Miranda - Pizca.

Gatesy es un Pukipuki Pongpong de la casa Fairyland. Lo compré de segunda mano a Edeiel, y cuando lo adquirí sólo existía en el tamaño más pequeño. Ahora puede comprarse tanto en tamaño pukifèe como en littlefèe (Yo-sd).
Con la compra Ede me regaló un par de pelucas customizables (ahora mismo lleva una de ellas recortada, a la espera de una de fur), ropa y ojos. Los que lleva ahora son acrílicos de Luts.
El rango de customizaciones de los Pongpong es muy amplio, aun estando condicionados por esa sempiterna sonrisa que te hace sentir caracoles, unicornios y piruletas cuando la miras.

Foto de la casa:

Así llegó:



Así es ahora:

Otras customizaciones:


Sookie, de MakMak

Ichigo, de Craia

Sugar, de Alicebm



Tip, de Rina

Misha, de SweetRainbow

sábado, 31 de marzo de 2012

Smile



Sonríe aunque te duela el corazón 
Sonríe aunque se te esté rompiendo
Cuando haya nubes en el cielo, lograrás superarlo.


Si sonríes a pesar del dolor y el sufrimiento
Sonríe, y quizá mañana 
Veas al sol alzarse brillante
Por ti.


Enciende tu rostro en gozo,  
Esconde cada seña de tristeza.  
Aunque una lágrima asome de vez en cuando


Ese es el momento en que tienes que seguir intentándolo
Sonríe, no sirve de nada llorar.  
Hallarás que la vida merece la pena -  
Con sólo sonreír.


¡SONRÍE!


Gatesy os desea muy grandes, brillantes y jugosas sonrisas.

martes, 15 de noviembre de 2011

Scene 20 - 5. Sonrisa

Siempre va con él. Siempre. Muchos le preguntan por qué, que si no le apetece dejarla descansar un ratito, aunque sea de noche, pero él les responde mostrándosela con claridad y franqueza. La gente lo deja por imposible.

En el pasado era al contrario. En los días de muy antes, vivía con otras expresiones, otras que se alternaban en su rostro redondo e infantil. Aburrimiento, ira, tristeza, desprecio, llanto, frustración. Un día descubrió que no servían de nada, que tantas malas caras terminaban por hacerle daño. Y se entregó por completo, sincera y apasionadamente a la sonrisa.

No por ello las cosas le fueron mejor, pero sonreír siempre solía traerle más alegrías que penas. Había quien opinaba que llevar una sonrisa todo el tiempo no era sano. Que los abanderados del malcontento terminarían buscándolo y llamándolo falso, ñoño, mentiroso, blando, o buscarían dobleces en aquella sinceridad. También le hablaron de alimañas que querrían aprovecharse de esa sonrisa y todo lo latente que conllevaba, para succionar todo lo que pudieran y después darse a la fuga. Hubo quien le habló de falsarios que crecían como la caries, de devotos de la autocompasión que se broncearían al blanco de sus dientes y después intentarían llevarse un pedazo de esmalte a modo de recuerdo, de arqueólogos de lo ajeno que imitarían como carillas la superficie de su dentadura y se vestirían en plástico y porcelana soñando acercarse a su brillo genuíno.

Y a todo aquello contestó... como solía contestar. Con una sonrisa. Quizá a veces le dolieran las muelas por tragar azúcar, o las comisuras por forzarse a comprender y sonreír cuando le llovían bofetadas, pero era la propia fuerza de su sonrisa la que ayudaba a que los dolores, las penas, las decepciones y las maledicencias fueran menos, y pasaran rápido.